La Voyeur se Une a la Fiesta

Era ya tarde, demasiado tarde. Realmente, hacía ya una hora que debería haberme marchado a casa, mas debía finalizar aquel maldito informe. Lo peor era que no tenía ganas, en tanto que me aburría enormemente efectuar el informe de cuentas.

De ahí que procuraba distraerme de cuando en cuando leyendo relatos eróticos de una conocida web. El relato que leía era muy erótico, y conforme me adentraba en su razonamiento y en sus líneas, no podía eludir sentirme excitado; de ahí que y aprovechando que estaba solo en el despacho, comencé a acariciarme el sexo sobre el pantalón. Al concluir de leer el relato, el estado de excitación en que me hallaba me forzó a comenzar a masturbarme mientras que en mi psique, las imágenes descritas en el relato me transportaban hacía una fantástica fantasía de placer y deseo. Mas justo en aquel instante, cuando mi sexo estaba en su esplendor y mis gemidos de placer comenzaban a anegar el despacho alguien llamó a la puerta:

– Javier, ¿estás bien? – Era Sonia, mi compañera y además de esto, cómplice y amiga. Realmente, aun habíamos estado saliendo un tiempo juntos, mas lo dejamos cuando decidió regresar con su novio de siempre.

– Sí, estoy bien – respondí cuando Sonia, ya había abierto la puerta y asomaba la cabeza por ella, ni tan siquiera me había dado tiempo a guardar mi miembro erecto en mis pantalones, conque procuré taparme con la mesa.

– ¿Qué haces? – Me preguntó Sonia, viendo quizá mi extraña cara de circunstancia.

– Nada. Estaba finalizando el informe ¿y ? – le pregunté.

– Cristina y estamos con el proyecto, mas nos hemos tomado un reposo mientras que va al baño, conque he decidido dar un camino por la oficina y al oírte puesto que creí que tal vez… – Se había acercado hasta la mesa y estaba ante mí, observándome tal y como si sospechara lo que de veras hacía.

– Puesto que ya ves, trabajo – repetí.

– ¿Seguro? No sé, me pareció escuchar un estruendos, tal y como si estuvieses… – insistió Sonia sin atreverse a decirlo – no sé… masturbándote – osó al fin, decir.

– ¡Ah, no, no! – engañé pese a que mi verga proseguía desnuda entre mis piernas, si bien ya había perdido el tamaño y las ganas, lógicamente.

– Venga que no, Javi, que nos conocemos y hambre sexual acostumbra a ser realmente insaciable – aseguró Sonia – seguro que veías alguna página web de esas porno y te has puesto como una motocicleta. ¡Anda, no seas imbécil, tal vez te puedo asistir! – planteó acercándose a mí y también procurando separarme de la mesa a la que trataba de pegarme a fin de que no viese mi sexo desnudo.

– ¡Sonia! – Exclamé sorprendido ante tu proposición – ¿No eres una mujer comprometida?

– Sí, pero también presta a hacerle un favor a un buen amigo – añadió empezando a besar mi cuello por detrás, al tiempo que introducía sus manos bajo la mesa y llegaba hasta mi sexo desnudo.

– Ves, pillín, como te la estabas cascando – aseveró rodeando mi verga semierecta con su mano y comenzando a masajearla con dulzura.

– Sonia – traté de protestar – no creo que….- El suave masaje que había comenzado a imprimirle a mi sexo había conseguido que este reaccionara de forma positiva – Cristina puede venir y … tu novio.

– Olvídate de esas cosas, cielo. Tú precisas una mujer ahora y acá estoy – afirmó, virando la silla hacía ella y arrodillándose entre mis piernas.

follando_en_la_oficina5

Me desabrochó el pantalón y se apoderó de mi sexo. Yo no podía opinar lo que sucedía. Me acosté en la silla y me dejé hacer puesto que las ganas eran más fuertes que el temor a ser descubiertos por Cristina. Sonia cogió mi verga con suavidad y comenzó a masajearla primero y a lamerla después, lo que hizo que mi cuerpo se estremeciese. Sentí su boca caliente en torno a mi miembro y comencé a sentirme en el cielo. Su lengua se movía muy diestramente sobre mi balano, lamiéndolo, acariciándolo, haciendo que el placer se extendiese por mi sexo, primero y por el resto de mi cuerpo después. Estaba impresionado, de tal modo que mis manos apretaban de forma fuerte los brazos de la silla. Apunto de llegar al clímax le rogué a Sonia que se detuviese. Se puso de pie y se sentó encima de la mesa, ante mí, con la piernas abiertas.

– Ahora te toca a ti – me afirmó subiéndose la falda.

Metí mis dedos por la goma de las bragas y las deslicé hacía abajo, como hacía un buen tiempo que no hacía y como le agradaba a Sonia que hiciese. Se las quité y las guardé en un bolsillo del pantalón. Seguidamente aproximé mi semblante a su húmedo sexo y lo olí. Olía a deseo, a sexo de hembra deseosa por sentir placer. Aproximé mi lengua al húmedo sexo, procuré entre sus pliegues y cuando hallé el ansiado clítoris empecé a lamerlo muy suavemente. Enseguida Sonia comenzó a gemir. Sus gemidos sonaron como música divino en mis oídos, una música que llevaba un buen tiempo sin oír. Al unísono que lamía aquel agradable botón, con dos dedos masajeaba sus labios vaginales, los acariciaba y también introducía uno o bien 2 dedos en aquel húmedo orificio.

follando_en_la_oficina3

Y entonces oí un estruendos proveniente de la puerta. Levanté la vista y vi a Cristina oculta tras el marco, observándonos. No sé porqué, en aquel instante no le solicité que se acercara, pese a ver que su mano se perdía en su entrepierna, seguramente acariciándose.

Proseguí lamiendo el mágico botón de Sonia, mientras que esta gemía y se retorcía de placer, hasta el momento en que apunto de correrse, tiró de mi pelo y me suplicó:

– ¡Para, no deseo correrme todavía!

Obedecí y me acosté sobre el respaldo de la silla. Sonia se puso de pie, entonces se dio media vuelta y se acostó encima de la mesa mostrándome su culo redondo, y suplicándome:

– ¡Vamos, fóllame!

follando_en_la_oficina

No me hice derogar, pues lo deseaba tanto como , me puse de pie, rocé mi erecto falo contra su húmeda vulva y la masajeé con este. Sonia gimió excitada, aquel ronroneo provocador, tan conocido para mí, me anunciaba que deseaba más, con lo que no la hice esperar; aproximé mi sexo a su orificio y muy despacio la penetré. Mientras que lo hacía, observé a Cristina que oculta se mordía el labio inferior. Pude estimar como el movimiento de su mano era ahora más acelerado que previamente. Volví mi atención a Sonia, a la que sosteniendo por las caderas comencé a torturar, moviendo mi sexo dentro y fuera del suyo con extrema lentitud primero, y acelerando los movimientos después. Sonia sollozaba, especialmente cuando mis movimientos era veloces y arremetía contra ella procurando introducir mi verga en aquel caluroso cobijo. Me acosté sobre su espalda, deslicé mi mano bajo su brazo y le desabroché un par botones de la camisa. Sonia se incorporó un tanto, lo que me dejó introducir la mano y buscar sus senos por entre el sostén. Los masajeé suavemente, mientras que empujaba, ahora de manera lenta, dejando que mi verga resbalara por las cálidas paredes de su sexo. Entonces aproximé mi boca a su oído, y haciéndola mirar hacía la puerta le susurré:

– Mira quien nos está mirado y se pone como una motocicleta.

La imagen que teníamos ante nosotros era morbosísima. Cristina estaba sentada en el suelo, con las piernas abiertas, acariciándose el sexo. Creo que a los dos nos excitó verla.

– Cristina, ven acá – la llamó Sonia. Mas Cristina negó con la cabeza.

Yo seguí torturando a mi amante, haciendo que mi sexo entrase en aquella cálida gruta unas veces de manera lenta y otras con más velocidad, arremetiendo sin compasión. Cuando lo hacía a aquel ritmo mareante los gemidos de Sonia se acentuaban excitándome todavía más. De fondo se escuchaban los gemidos de Cristina y los dos sonidos juntos me elevaban al cielo del placer. Sentí, entonces, que Sonia estaba a puntito de correrse, conque volví al ritmo lento y pausado. Sonia me suplicó:

– ¡No, dame fuerte, deseo más!

– ¿Deseas correrte, eh, puta? – Le murmuré al oído.

Sonia aseveró con la cabeza.

– Entonces dile a la puta de tu amiga que venga y cuando logres que se corra vas a tener tu premio – le afirmé sacando mi miembro de ella.

Sonia se incorporó, miró a su amiga y le suplicó:

– Ven acá Cristina.

Cristina obedeció y se aproximó a Sonia. Las dos se arrodillaron sobre la moqueta, una en frente de la otra. Se besaron y Sonia fue desvistiendo a Cristina poquito a poco, mientras que , sentado en mi silla las observaba. Cuando Cristina estuvo absolutamente desnuda, Sonia la tumbó sobre el suelo, se puso sobre ella, con la boca a la altura de su sexo y su sexo sobre la boca de Cristina, esta abrió las piernas y dejó que su amiga acercara su boca al precioso monte de Venus. En pocos minutos, las dos mujeres se dedicaban a lamerse mutuamente. Ví como Sonia introducía un dedo en la húmeda vagina de Cristina y eso hacía que esta se retorciese de placer, entonces le introdujo 2, y Cristina arqueó la espalda gimiendo. Por la situación en que estaban, no podía ver lo que Cristina le hacía a Sonia, mas por los gemidos que esta emitía, intuía que le ocasionaba un agradable placer. Ver a las dos mujeres arroscadas la una a la otra, dándose placer y oírlas gemir, me ocasionaba un morbo añadido. Con mi mano derecha me acariciaba el hirsuto miembro que vibraba por atravesar el sexo de una de aquellas 2 mujeres o bien el de las dos, ¿por qué razón no?

Súbitamente oí como los gemidos y jadeos de Cristina se aceleraban y aumentaban de intensidad, buena prueba de que llegaba al clímax. Su cuerpo se retorcía de placer bajo el de mi bella amante, Sonia. Cuando Cristina acabó de conmocionarse Sonia se viró cara mí, me miró con cara de triunfo y se puso de pie. Volvió a situarse encima de la mesa, enseñándome su trasero y me dijo:

– Venga, cabrón, acaba el trabajo que has comenzado ya antes.

Admirando aquel bello trasero, me levanté y me aproximé a él. Guié mi verga hasta el húmedo orificio y de una estocada la penetré. Sonia gimió cuando sintió como la perforaba. Cristina, todavía recostada sobre el suelo enmoquetado, descansaba observándonos. Comencé a arremeter contra Sonia. Creo que los dos estábamos muy excitados y precisábamos sentir el placer lo antes posible. Mis movimientos eran veloces, la cabalgaba empujando fuertemente, sintiendo como su vagina englobaba mi pene y como este resbalaba por aquellas húmedas paredes. Ella asimismo empujaba contra mí, tratando de sentir mi polla poco a poco más de forma profunda. Hasta el momento en que el clímax nos llegó a los dos. Primero fue , la que gimiendo comenzó a conmocionarse atrapando mi pene entre las paredes de su vagina y eso generó que asimismo me precipitase hacía el éxtasis.

Una vez calmados los dos, me senté en la silla, se levantó y se aproximó a Cristina dándole un apasionado beso en los labios, que me dejó sorprendido y tras el que le dijo:

– Espero que te haya agradado.

– Me ha encantado – le respondió Cristina – gracias.

Se abrazaron de manera fuerte, en un abrazo poco común entre 2 mujeres que son sencillamente compañeras de trabajo y entonces les pregunté:

– ¿Podéis explicarme que es precisamente lo que sucede acá?

Sonia me miró pícaramente y me respondió:

– Vas a ver, Cristina y , somos pareja desde hace meses – mis ojos se abrieron como platos ante aquella confesión, en tanto que jamás hubiese imaginado algo de esta forma de Sonia – y desde el instante en que le conté que y habíamos tenido una aventura, tenía la fantasía de vernos juntos, con lo que el día de hoy hemos decidido hacerla realidad ¿verdad Cristina? – Le preguntó a Cristina mirándola con satisfacción.

Por un momento me sentí un tanto usado por ellas, mas por otra parte, había pasado un agradable instante satisfaciendo mis instintos primarios. Con lo que les di las gracias y los 3 seguimos trabajando.

Marcar el Enlace permanente.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *